martes, 13 de mayo de 2008

Vamos a la playa


Vaya por delante, que entre el dilema de "playa o montaña", siempre he sido de los que elegia sofa. Montaña como segunda opcion, y si no queda mas remedio, playa. Y es que la idea de estar todo un dia (o varios, segun el caso) sin poder hacer mucho, tostandose al sol, con la arena entrandote por todos lados y rodeado de miles de personas con el mismo espiritu de pasarselo bien que tu, no me atrae mucho. Siempre he dicho que a la playa ire mas a menudo cuando la alicaten, ya que normalmente es con la playa en si (la arena) con lo que tengo problemas, encantandome el mar (y bañarse en el).

Este fin de semana, sin embargo, muy a lo cupula del PP, mis principios se tambalean. Ya no se si quiero pactar con los nacionalistas o no. Y de todo esto ha tenido culpa la excursion a La Haya (y su playa).

Para los que piensen en la Haya como un lugar ultramoderno donde el orden y la cultura holandesas se funden con una gama de eurocratas que dan un tono gris y sombrio a la ciudad, no podrian estar mas cerca de la realidad; pero tambien es el lugar de una de las mejores playas del Mar del Norte, la famosa Scheveningen. Amplia playa, fina arena, mar tranquilo (aunque un poco sucio), chiringuitos que nos incomodan con su musica techno y sus bebidas sobrepreciadas, tiendas inutiles donde comprarse el ultimo pareo o la primera pelota de la temporada, aparcamientos techados, paseos maritimos a varios niveles, tumbonas, quitavientos, regata de veleros, tiendas de campaña, el puerto, y como diria Martinez Ares "y remueve remueve que esto se ha acabado, Scheveningen de mis entrañas otra vez me has embrujado" (adaptacion Comparsa El Brujo, Cadiz, 1995).


Ademas, a la playa se fue, todo hay que decirlo, como señores. Pasos clave para la magica consecucion de este proyecto fueron sobre todo 2: haber salido la noche antes por el triunvirato sagrado de Bruselas (Delirium Tremens, Cafe Central, Pita Plaka), y, como consecuencia de esto en alguna medida, haber salido a mediodia de Bruselas. Con ello, evitamos el supuesto trafico del puente, y llegamos a Scheveningen a las casi 2 de la tarde. Una vez alli arramplamos con todo lo que se podia comprar para un uso y disfrute adecuado de la playa: pareo, gorros, pelotas, toallas, esterillas... Lo que hiciera falta. Y despues, la playa.


De la playa cabe destacar la aprendida regla del bote de crema, de Jose, por la cual todo el mundo olvidara el bote de crema protectora en casa con la esperanza de que alguien (mas precavido que uno) se lo lleve, dando crema a todo cristo. El teorema funciono a la perfeccion y fue a Manu al que le gorroneamos la crema.

Algunos valientes (y todo hay que decirlo, higienicos) tuvimos tambien tiempo para el baño, en las todavia frias aguas del Mar del Norte, aunque nuestras incursiones fueron breves en el tiempo (que no asi en el espacio, ya que era marea baja). En los proximos meses habra sin duda ocasiones mejores para disfrutar de este mar.
La visita convivial-cultural, termino con: un homenaje a la bandera de Austria, en mi pierna derecha, y una visita a la ciudad de La Haya, con compras incluidas. Gracias a todos los acompañantes que hicieron posible el irrepetible dia.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Como que nos incomoda la musica techno??, la musica era chill out y de incomodar nada. Es mas, era lo único que daba a la playa un ambiente meridianamente cool, porque entre el agua sucia y helada, la bonita vista a los petroleros, los edificios sesenteros y la madre que pario a los dueños de los perros, la playa no pasaba del 4 en la escala playi "café del mar". En fin, yo también apoyo a San Gil y Otaola, ahí sus co ho nes!!

Carla dijo...

Que pena que me lo perdi ...